El Síndrome de la Botinera….masculina!

por SF

Ya no es la primera vez que me sucede, que en una primera cita me pasan a buscar y cuando empiezan a hablar, me pregunto si creen que soy agente de la Afip. ¿Y por qué pienso esto? Por la necesidad inmediata de hacerme un listado de sus bienes personales. La cita en cuestión advierte que tiene una x cantidad de propiedades, que se encuentra manejando un 0 km, que posee una casa en Punta del Este y tantos otros datos, que me veo obligada a oír sin quererlo. El más incoherente de todos, por ejemplo, una vez afirmó: “colecciono autos y tengo una réplica del auto de Perón”. (Cabe acotar que si a los 33 años no tengo ni idea de cuál era el auto ese de Perón, menos lo iba a saber a los 23 cuando, en una inolvidable segunda cita, me dijeron eso…)

Generalmente, ante tales manifestaciones de hombría, yo me quedo sin palabras. Más bien, nunca sé qué decir y me pierdo en el aburrimiento. Momento cuando comienzo a mirar a través de la ventana del 0 km y pienso en por qué gasté $200 en la peluquería para esto. Y lo peor: cuando finaliza la declaración de bienes ante mí (no sé si ante la Afip siquiera se la hizo), continúa la frase consabida: “algún día ya lo vas a conocer” (refiriéndose no a su mascota ni a sus amigos ni a sus padres ni a sus hijos, sino a la supuesta espectacular propiedad decorada a nuestro presunto gusto).

Les pregunto: ¿Cuál es la reacción que deberíamos tener ante tal discurso? ¿Debemos relajarnos y gozar de su generosa propuesta y hacer un listado de tooooodos los restaurantes que siempre quisimos visitar y no pudimos? ¿Debemos soñar despiertas con viajes a Venecia, bien al estilo de la Niña Loly?, o ¿deberíamos decir “no gracias”? y como mujer independiente que somos, seguir con nuestra vida, sin depender de nadie.

Seguramente, como no somos botineras, seguiremos el segundo de los escenarios. Sin embargo, no obstante, sentiremos un poco de culpa por no haber caído ante su, ahora, divino discurso…. cada vez que pasemos por un local de Jacki Smith y nos enamoremos de un imposible par de zapatos!

Ahora bien, me pregunto: si fuese a la inversa, si fuésemos nosotras las que en medio de una primera cita empezáramos con la enumeración de cosas materiales que tenemos. Si les diéramos una lista específica de cada cartera Gucci o LV que esperamos tener en la vida (evitemos falsificaciones del Chinatown o las de La Salada). O si le respondiéramos en esa primera cita “qué divino auto que tenes, te felicito, ya me veo manejándolo”, o “vivís en esa torre, genial, mañana voy con un bolsito y me quedo”… ¿Qué sucedería? ¿El hombre caería rendido a nuestros pies, o se iría corriendo hacia la dirección opuesta?…

Supongo que será algo para comprobar, en la próxima cita a ciegas que tenga 😉

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