Mi vecina, Norman.

por S.F.

Tengo una vecina que me asusta. Desde su cara hasta la forma de vestirse. Y me sorprende la gente que, con tanta revista, blog y programas de televisión, todavía se esmera en afearse diariamente. Esto no lo digo de “mala onda”, lo digo porque realmente creo que ella lo hace a propósito. Para asustarme más. Está clarísimo.

El día que conocí a mi vecina, yo llevaba menos de 3 meses viviendo en el departamento y el mismo breve tiempo de regreso en el país. Habiendo vivido casi una década en el exterior, regresar a Argentina, fue un regreso a costumbres nuevas, códigos nuevos…..y efectivamente, una bienvenida a nueva vecina.

Vamos a llamarla “Norma” porque si bien me dijo su nombre varias veces, mi cerebro decide seguir bloqueándolo. Negación que le dicen.

Se preguntaran ¿por qué “Norma”? Simplemente, porque me recuerda al personaje de “Psicosis”.

Además, cerca de donde vivo, hay una casa que bien podría ser salida de la película. Cada vez que pasamos por ahí con una amiga, gritamos a corito “Normaaaan”. Lo que nunca confesé, es que cuando lo hacemos, automáticamente, la cara de ella se me viene a la mente.

El día que la conocí, me comentó que entendía mi sentimiento de pérdida en esta nueva ciudad porque ella misma había vivido 5 años en California. Me contó sobre su ex marido, un “tirano” según ella, y cómo cada día renegaba de su vida en Buenos Aires. En ese momento, reconozco que me dio pena. Pensé: “Por favor, no quiero terminar como ella”. Pero le ofrecí juntarnos a tomar un café, para aliviar la nostalgia compartida.

El café nunca se dio, pero sí se sucedió un sinfín de mensajitos. Con la histeria que me caracteriza, decidí no prestarle mucha atención ni a ella ni a sus intentos de acercamiento y dedicarme a enfrentar mi nueva vida.

El tiempo pasó y me olvide de mi vecina.

Hasta que un día me la crucé. Con nuevo corte de pelo y un tembleque en la voz, me dijo que aún esperaba ese cafecito. Que el tirano de su ex no la dejaba en paz, que extrañaba vivir en un lugar “como la gente” y una serie de cosas más que no recuerdo, porque no podía pasar del hecho de que su voz, esa voz que tiembla al verme, me hacía pensar en “Norrrrmaaaaan”.

Durante el último año me la he cruzado varias veces en el edificio. Hemos tenido alguna que otra conversación de pasillo sobre las cosas del país, de la búsqueda de trabajo y cosas por el estilo. Siempre me recuerda el cafecito y siempre termino la conversación con el ruido de mis llaves entrando a la cerradura y la sonrisa de amabilidad característica.

Y  fue en uno de esos momentos de los no cafecitos del pasillo cuando se nos ocurrió hablar de la inseguridad. Ella me ofreció ser de “campana” por si alguien extraño estaba en mi casa mientras yo estaba de vacaciones. Como no me iba a ningún lado, no le di importancia. Sí me llamó la atención cuando me empezó a mandar mensajitos los siguientes fines de semana avisándome cuando se iba. “Estoy en una quinta, para avisarte que no regreso hasta esta noche”, “Estoy afuera, vuelvo mañana. Te aviso”. Esos mensajitos que me empezaron a exasperar. Ya es notoria mi fobia hacia la gente que invade mi espacio personal. Soy de las que consideran que el noviazgo se construye en base a 2 personas independientes e idealmente, con cama afuera. Se imaginarán entonces que tener a Norma jugando el papel de novio posesivo, del cual tan ágilmente he logrado escapar toda mi vida, me alteró… un poquito.

Por eso le dedico este post a ella. Porque cuento los días en los que Normaaaaaaan se mude bien lejos. Quizás a su divina California. Donde las nuevas vecinas se presenten con pasteles recién horneados y jueguen con ella al poker las tardes del sábado.

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El juego del caño

Por S.F

Siempre me causa gracia las respuestas automáticas que recibo cuando afirmo “me encantan los telos”.

Las mujeres suelen mirarme con un look mezcla de “pobrecita” y “está loca”. Yo lo asumo un poco como envidia femenina, porque se pierden de disfrutar uno de los lugares más bizarros de la ciudad. Por otro lado, los hombres suelen mirarme con una sonrisita picara, quizás porque inocentemente creen que porque a una le divierta, eso significará que iremos a un hotel alojamiento con el primer tipo que se nos cruce en la vida (aclaremos que no es el caso).

Entonces me pregunto, ¿cuál es el gran tabú alrededor de los hoteles alojamiento? ¿Por qué se adjudica a adolescentes que están recién experimentando, a amantes de oficinas o a levantes de una noche de boliche? ¿Por qué no se puede tomar como un lugar donde ir con la pareja oficial de uno, simplemente a divertirse con las cosas que este tipo de lugar tiene por ofrecernos?

¿En qué casa o departamento vamos a tener acceso a un sinfín de botoncitos para jugar con la luz o cambiar la música, aunque siempre terminemos en el canal de los clásicos de los 80? ¿En qué otra situación vamos a tener un caño en medio del living para jugar a que somos las próximas ganadoras de Bailando por un Sueño…..? ¿Dónde más vamos a tener el placer de ver esas películas condicionadas que se quedaron en los 80, las cuales causan más gracia que otra cosa? ¿O acaso el hecho de que algunos hoteles ahora tengan una tv modernosa y amplia, nos aseguran nuevos canales? Finalmente, ¿dónde más vamos a tener esa decoración bizarrísima?(aún me pregunto quién es el encargado de hacer el armado de la habitación). ¿Se imaginan dedicarse a “decorar habitaciones de telos temáticas”? Eso sí que sería un trabajo divertido!!  Ir de compras por objetos egipcios para la habitación estilo Faraón…..o buscar las cortinas que hagan juego con la cama en forma de corazón!!

¿Y qué me dicen de aquellos que tienen las promos especiales para cumpleaños o noches de pasión?

Cuántas veces nos matamos las mujeres pensando qué regalarles a nuestros novios y siempre terminamos en los clásicos 3: ropa, accesorios para un hobby o perfume. ¿Por qué no regalar un pase a una nochecita en uno de estos lugares donde podemos jugar a ser otras personas por un rato?

Por todo esto, cuando nos ofrecieron lanzar un cupón en conjunto con Hotel Mansión Dorée…nos pareció divertidísimo!! Un hotel que ya cumple 50 años y que no sólo tiene unas habitaciones increíbles sino que también siempre nos estan sorprendiendo con sus promociones especiales!

Las invito a ingresar en la promo de Gemanti y animarse a armar una noche fuera de lo común!

El caso del “no novio” y otros personajes

por S.F.

El otro día, el “no novio” me vino con un planteo  “¿vos te das cuenta de que me tratás mal?”.

Debo decir que me tomó por sorpresa, pero me sentí agradecida por su honestidad. Ahora sí tengo una razón lógica por la cual no definimos esta relación después de 8 meses de idas y vueltas. Ahora puedo decir “no estamos de novios porque yo lo trato mal”. Y es un gran alivio tener una respuesta al tema. Porque hasta ese momento yo creía que era solo un tema de histeriquismo masculino….!!!!

Pero como soy mujer de mucha palabra, obviamente le respondi: “Cómo no te voy a tratar mal si vos sos el culpable de que tenga las patéticas primeras citas que vengo teniendo. Si estuviéramos finalmente juntos, no tendría que estar saliendo y conociendo gente nueva. Tema que ya me está aburriendo”. Obviamente la conversación se terminó ahí, pero de repente tuve un flashback de todas las citas bizarras que he tenido en los últimos meses, gracias a que mi “no novio” no decide ser un “novio”.

Y me pregunto, cuántas más estarán pasando por una situación similar. La de salir a conocer gente con la esperanza de conocer al “Mr. Right” y después terminar con el “Mr. Wrong” porque, al final del día, es él quien nos acompaña. Con sus locuras, claramente.

Aquí va una breve reseña de algunos de los personajes que he conocido en el 2012 y sus peculiaridades:

El Perfecto Modelito: Cuando les mostré a mis amigas las fotos del facebook de mi nueva cita, todas en corito me respondieron “¿¿¿Cómo hiciste???”. Claro, está que una es linda, pero evidentemente consideraban que no era tan agraciada como para “levantarme” al tal candidato. El perfecto modelito, abogado y con barquito, se presentó como un ser normal. Bastante narcisista, y lástima que carecía de temas de conversación. ¿Película favorita? Románticas. ¿Género de Música preferido? Electrónica. Momento más freak: cuando creyó gracioso sacarse el traje de baño en el barco. Tiempo de tolerancia máxima: una cita.

El idealista: Representa a todos quienes quieren salvar al mundo. Vegetariano, estaba en contra de la cultura capitalista, acusando que el sistema es el gran problema de la humanidad. Según el, vive en un nuevo paradigma, el cual aun no es muy conocido pero ese paradigma es el que va a salvarnos a todos. El personaje de Graduados,  Andy, definitivamente se basó en el. Nunca comprendí cómo iba a salvar al mundo viviendo con su madre, pero eso nunca me atreví a preguntárselo. Momento más freak: cuando después de todo un speech contra el dinero y sus usos, se pide un trago de $60. Tiempo de tolerancia máxima: una cita.

El Bárbarooooo: Nunca entendí si era algo generacional, porque el sr. en cuestión era un poco mayor que yo…  pero cada vez que le preguntaba por chat “¿como andás?” me respondía con un “Bárbarooooo”. Este fue el único ejemplar sacado del online. Desde el momento en que lo vi, me pregunté si la remera que llevaba puesta podía mantener tanta presión. Es que el que se presentó como “deportista” terminó siendo un adicto al gimnasio, contándome sobre sus rutinas de 3 horas diarias y cómo la nuez fue el alimento que le cambió el cuerpo y la vida. Yo me limité a escucharlo, mientras ingería mis carbo hidratos y planeaba un plan de escapatoria. Momento más freak: cuando le dije por chat que no había visto química entre nosotros, que prefería no verlo más, a lo cual él me respondió con otro “Bárbarooo”. Tiempo de tolerancia máxima: una cita y medio chat.

El Asesino en potencia: No debemos dar muchas explicaciones en este caso. Como sabíamos que la cita era con un pintor, no esperábamos 100% de cordura. Pero tampoco alguien que, en medio de la cita,  luego de comunicarnos su gran odio (palabra elegida por él) hacia sus compañeros de curso de colegio y facultad, nos dijera:  “¿Conoces a Pantriste?:  Se salvaron de que no fui a la reunión con los ex compañeros de la facu, porque sino terminaba todo mal.” Momento más freak: haber durado 3 hrs sentada escuchándolo. Tiempo de tolerancia máxima: 3 hrs.

El Perfecto: Esta es la cita que nos hace pensar que, finalmente, encontramos a alguien que nos gusta. La primera cita que no pensamos en el Mr. Wrong, quien seguramente estaba ansioso porque no respondíamos sus mensajes. La cita en la que nos divertimos, hablamos de todo y esperamos con felicidad el segundo llamado. La segunda cita fue mejor aún. Hasta que sonó el despertador y nos despertamos. ¿Enloquecimos y esto no fue real?¿Pasó realmente o fue todo pura imaginación? ¿Por qué nos preguntamos esto?: pues porque después de la segunda cita desapareció. Como si la tierra se lo hubiese tragado. Nada. Se esfumó. Bien al estilo anti héroe. Momento más freak: no hubo. Tiempo de tolerancia máxima: una semana.

Sacarnos los disfraces!

By S.F.

“De verdad, no estoy acostumbrada a hacer esto,” declaraba la ex vice ministra de Cultura de Costa Rica a una cámara solitaria que la filmaba para que su amante no la extrañara tanto. Ella, enamorada, jamás pensó que esos pocos minutos de rebeldía, le destruirían su carrera unos años después.

Esto me hizo pensar: ¿qué nos pasa a las mujeres que a veces por falso enamoramiento nos perdemos a nosotras mismas y nos disfrazamos para gustarle al otro? Si el hombre en cuestión realmente la quería, jamás hubiese permitido que ella, teniendo una carrera pública, se expusiera de esa forma. Pero él, al aceptar este juego, permitió que ella dejara de ser la mujer que era para ponerse en el papel de otra.

Sin ir al extremo de los videos caseros, ¿cuántas veces nos hemos disfrazado de algo que no somos?

¿Se acuerdan de la película “Novia a la Fuga”? La camaleónica Julia Roberts no sabía siquiera distinguir cómo le gustaba sus huevos en el desayuno (¿fritos?, ¿revueltos?) porque ella iba cambiando de gusto según el novio de turno. Cuando la vi hace muchísimos años atrás, jamás me había sentido más identificada con un personaje. En mis 20´s supe ser gótica, intelectual, novia de abogado, “deportista”, liberal, conservadora, religiosa, atea… y la lista podría seguir. Nunca voy a olvidar el pánico que sufrí al aceptar ir al parque de montañas rusas más grande, para acompañar al “hombre de mi vida”, tratando de bloquear mi gran fobia a las alturas.

¿Por qué hacemos ésto? ¿Acaso será por el miedo de mostrarnos como somos? ¿El miedo de enfrentar nuestra vulnerabilidad ante ciertas situaciones y el de aceptar que realmente no somos ni seremos perfectas? ¿Por qué elegir personas que son tan distintas a nosotras, que nos obligan a cambiar todo menos nuestro ADN?

Creo que no es una cuestión de edad ni de sabiduría, sino de llegar a un punto en nuestras vidas que nos relajemos un poco. Hay una frase muy trillada que dice “Si vos no te amas, nadie te va a amar”. Bueno, yo creo que en este caso sería más bien “Si vos no te respetás, nadie te va a respetar”. Es decir, si nos avergonzamos de la música que nos gusta, de tener algunas fobias, de nuestro cuerpo, de lo que hicimos o no hicimos en nuestras vidas….¿cómo podemos esperar que el hombre que tenemos al lado nos respete como somos? Si la ex ministra hubiese respetado su carrera y todo el esfuerzo que seguramente hizo para llegar a tal puesto público, seguramente ante los pedidos de su novio de que se filmase, ella no hubiese aceptado. Salvándose de esta gran humillación pública y personal.

En mi caso particular, yo hice este click en fines del año pasado. Salía con una buena persona pero nada de él me gustaba, aunque en papeles quizás era el novio perfecto. Esa manía de levantarse escuchando Ricardo Montaner y manejar cantando “Vuelveme a quererrrrrrrrrrr, no me lastimeeeesssss”…..me exasperaba. Siendo una rockera de alma, su pasión por la música latina, me mataba! Ni hablar de su necesidad de poner títulos y tener la llave de mi departamento. Si yo no me hubiese respetado a mí misma, hubiese comprado la discografía entera de Axel, le hubiese dado las llaves de mi vida y hubiese puesto en facebook “NOVIA DE”. Pero finalmente hice click y decidí estar sola. Porque finalmente comprendí que la clave para ser feliz con alguien es siendo felices primero con nosotras mismas, mientras dejamos de intentar ser el calco perfecto de lo que el otro espera de nosotras.

Entonces les propongo a todas que colguemos los disfraces, hagamos el click y dejemos de tratar de amoldarnos a los demás para aceptarnos realmente como somos! 🙂

La Mujer Invisible y otras formas de escape

por S.F.

Luego de una mortificante primera cita, nos preguntamos: “¿Y ahora?” ¿Cómo cortamos ésto?”

Creo que no hay una receta para el corte perfecto, a pesar de que hayamos hablado horas y horas con nuestras amigas al respecto. Hasta la romántica Charlotte, de Sex and The City, intentó darle algo de lógica diciendo  “El duelo de un corte debe durar la mitad del tiempo salido”.

Aclaremos que acá no voy a escribir sobre esos grandes amores que sufrimos al terminarlos. Sino de aquellos, anti amores, pseudo relaciones que, por simple borrachera de Cupido, pasaron a ser de “La cita esperada” del viernes a la noche a la “Peor cita de nuestras vidas” el sábado a la mañana.

Pues bien, ¿cómo cortar algo que nunca empezó?

Primero tenemos que aceptar el 100% de la culpa. ¿Quién nos mandó a tomarnos ese último trago, cuando ya sabíamos que no iba para ningún lado? ¿Quién nos obligó a sonreirle cuando en realidad pensábamos en nuestro ex en ese momento? ¿Quién nos juzgaría por ser honestas con nosotras mismas y terminar esa cita en cuanto nos  estábamos aburriendo? Nadie. Exacto!!

Una vez aceptado que extendimos una situación sin sentido por ninguna razón aparente, empecemos a ver juntas cuáles son las opciones que nos quedan para cortar. Las invito a que participen dejando sus estrategias usadas. Por mi parte, les facilito la tarea compartiendo las estrategias usadas por la que escribe y sus anónimas amigas:

La Mujer Invisible: esta figura va perfecto para aquellas mujeres sin piedad que no tienen ningún tipo de conciencia sobre el tema. Ella es como si nunca hubiese existido. ¿La cena en Palermo? Nunca pasó. Por lo tanto, el teléfono no se atiende. Jamás se responde a sus mensajes, ni mails, ni nada. Porque no se responde a alguien que nunca existió. El único problema surgirá cuando la mujer se hace visible al cruzarse al sr. por la calle, por ejemplo. En estos casos es, altamente recomendable, seguir de largo.

La Eventera: ésta es la figura de la chica que nunca tiene tiempo para nada. Por ende, ella sí atiende el teléfono pero nunca va a tener tiempo para una segunda cita. Su lema es “nunca terminar mal, porque no sabés dónde te lo vas a cruzar”. No sea cuestión de que termine siendo el cura que nos case, por ejemplo. Entonces, efectivamente, ella nunca termina mal, porque ella nunca lo termina directamente.

La Mejor Amiga: este es el caso de quienes tomaron el “seamos amigos” demasiado a pecho convirtiéndose, por ende, en su mejor amiga virtual. Nunca se van a volver a ver, pero no importa. Ella se siente bien saldando sus cuentas, al levantarle el ánimo con mucha dulzura, cuando otra mujer no lo vuelva a llamar más.

La Lógica: finalmente, la más sádica de todas. La mujer que va de frente, toma el toro por las astas y le dice: “No me llames más, porque no hubo química.” ¿Por qué digo que es sádica?, porque solo una mujer a quien le gusta el dolor puede tomar esta ruta. Ante tal actitud, en el mejor de los casos, el hombre en cuestión la tildará de histérica/ loca/ perdida/ loca/ histérica/ loca. Porque solo alguien tan demente puede cambiar de opinión de un día para el otro…obviamente. Termina siendo odiada por él, sus amigos, las futuras novias de él y todo el género masculino.

Me pregunto: ¿uds, lectoras… con cuál se identifican?

El Síndrome de la Botinera….masculina!

por SF

Ya no es la primera vez que me sucede, que en una primera cita me pasan a buscar y cuando empiezan a hablar, me pregunto si creen que soy agente de la Afip. ¿Y por qué pienso esto? Por la necesidad inmediata de hacerme un listado de sus bienes personales. La cita en cuestión advierte que tiene una x cantidad de propiedades, que se encuentra manejando un 0 km, que posee una casa en Punta del Este y tantos otros datos, que me veo obligada a oír sin quererlo. El más incoherente de todos, por ejemplo, una vez afirmó: “colecciono autos y tengo una réplica del auto de Perón”. (Cabe acotar que si a los 33 años no tengo ni idea de cuál era el auto ese de Perón, menos lo iba a saber a los 23 cuando, en una inolvidable segunda cita, me dijeron eso…)

Generalmente, ante tales manifestaciones de hombría, yo me quedo sin palabras. Más bien, nunca sé qué decir y me pierdo en el aburrimiento. Momento cuando comienzo a mirar a través de la ventana del 0 km y pienso en por qué gasté $200 en la peluquería para esto. Y lo peor: cuando finaliza la declaración de bienes ante mí (no sé si ante la Afip siquiera se la hizo), continúa la frase consabida: “algún día ya lo vas a conocer” (refiriéndose no a su mascota ni a sus amigos ni a sus padres ni a sus hijos, sino a la supuesta espectacular propiedad decorada a nuestro presunto gusto).

Les pregunto: ¿Cuál es la reacción que deberíamos tener ante tal discurso? ¿Debemos relajarnos y gozar de su generosa propuesta y hacer un listado de tooooodos los restaurantes que siempre quisimos visitar y no pudimos? ¿Debemos soñar despiertas con viajes a Venecia, bien al estilo de la Niña Loly?, o ¿deberíamos decir “no gracias”? y como mujer independiente que somos, seguir con nuestra vida, sin depender de nadie.

Seguramente, como no somos botineras, seguiremos el segundo de los escenarios. Sin embargo, no obstante, sentiremos un poco de culpa por no haber caído ante su, ahora, divino discurso…. cada vez que pasemos por un local de Jacki Smith y nos enamoremos de un imposible par de zapatos!

Ahora bien, me pregunto: si fuese a la inversa, si fuésemos nosotras las que en medio de una primera cita empezáramos con la enumeración de cosas materiales que tenemos. Si les diéramos una lista específica de cada cartera Gucci o LV que esperamos tener en la vida (evitemos falsificaciones del Chinatown o las de La Salada). O si le respondiéramos en esa primera cita “qué divino auto que tenes, te felicito, ya me veo manejándolo”, o “vivís en esa torre, genial, mañana voy con un bolsito y me quedo”… ¿Qué sucedería? ¿El hombre caería rendido a nuestros pies, o se iría corriendo hacia la dirección opuesta?…

Supongo que será algo para comprobar, en la próxima cita a ciegas que tenga 😉